EFICIENCIA ENERGÉTICA
En nuestros hogares empleamos la energía fundamentalmente en dos formas distintas, como electricidad y como combustible.
La electricidad hace posible que todos los aparatos domésticos —bombillas, televisión, microondas, ordenadores, vitrocerámica, etc. — puedan ofrecernos el servicio para el que han sido concebidos.

Empleamos gas, gasóleo y, cada vez menos, carbón para la calefacción de la vivienda, el agua caliente y para cocinar.
Como norma general para calentar es más eficiente y barato la utilización directa de combustible que la electricidad. ¿Y por qué? La electricidad también tiene su origen en una combustión, pero realizada en otra parte, en una central térmica.
Estas centrales térmicas son muy costosas y presentan un elevado impacto ambiental. Además constituyen grandes centros consumidores de energía, no sólo para el funcionamiento propio, sino porque para producir una unidad de energía en forma de electricidad se necesitan alrededor de tres en forma de combustible, dos de ellas se tiran a la atmósfera sin ningún tipo de utilización.
En las fases posteriores de transporte y distribución de electricidad también se originan importantes pérdidas de energía. Por tanto, consumiendo directamente el combustible para las aplicaciones en que sea posible, se evitan todas estas pérdidas e impactos y se ahorra energía.
En las estufas o calentadores eléctricos y, en general, en el “todo eléctrico”, la electricidad se utiliza del peor de los modos. La calefacción eléctrica es la más cara y la que causa mayor daño a la naturaleza, con emisiones de CO2, SO2 y NOx, mucho mayores que otros sistemas de calefacción como el gas natural, el gasóleo o la madera.
La emisión de CO2 debida a cualquier tipo de utilización de la energía eléctrica es para el Estado español de 0,40 kg por cada kWh. Un calentador eléctrico de 1.000 W consume 1.000 kWh al año, correspondientes a una emisión de 400 kg de CO2; una instalación de gas butano equivalente produce una emisión de 210 kg de CO2. El ahorro es, por tanto, de 190 kg al año.
El gas natural también es una buena opción. Si se sustituye por un panel solar, se ahorra mucho más: un colector solar no causa en su funcionamiento ninguna emisión de CO2.
Un diseño adecuado de la vivienda, con buena orientación solar y bien aislada reduce considerablemente la demanda de calefacción.
Una vez agotadas las posibilidades en cuanto a diseño de la vivienda y las formas de energía a utilizar, lo más inteligente es emplear aparatos eficientes, puesto que consumen menos energía y, a la larga, resultan más baratos.
Es decir, analizaremos que lo que realmente necesitamos es el servicio energético y no la energía en sí misma, y adquiriremos aquellos aparatos que para un mismo servicio consuman menos energía.
Nos servirá para ello el etiquetado energético de los distintos electrodomésticos.
EL ETIQUETADO ENERGÉTICO
La Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios y otras disposiciones, establecen el derecho básico de los consumidores y usuarios a la información correcta sobre los diferentes productos puestos a su disposición en el mercado, para su adecuado uso, consumo y disfrute.
En lo que respecta a los electrodomésticos, esta información se enfoca al consumo de energía y de otros recursos esenciales como el agua. Para que sea útil para el consumidor, se han buscado instrumentos homogéneos en todo el territorio de la Unión Europea.
Estos instrumentos en el ámbito de los aparatos domésticos se centran en el etiquetado del producto y la ficha informativa, que el proveedor tiene obligación de poner a disposición del distribuidor y éste a disposición del consumidor.
La etiqueta deberá contener la información que más adelante se detalla y estará expuesta enun lugar claramente visible; y la ficha, además de contener los datos de la etiqueta, se complementará con información adicional, siempre de acuerdo a la regulación normativa existente.

La ficha se incluirá en todos los folletos sobre el producto o, cuando el proveedor no suministre folletos, en cualquier otro documento facilitado por el proveedor en relación con el aparato.
El proveedor por su parte establecerá una documentación técnica suficiente que sirva para evaluar la exactitud en cuanto a métodos y resultados de la información que figura en la etiqueta y en la ficha. Es responsabilidad suya la veracidad de esta información.
CÓMO LEER UNA ETIQUETA ENERGÉTICA
El objetivo de la etiqueta es disponer de forma rápida y sencilla de información del consumo energético y otros recursos del aparato doméstico que la lleva. Esta información ha sido obtenida conforme a una metodología que es idéntica para cada tipo de aparato, de esta manera todos jugamos con las mismas cartas y podemos comparar entre electrodomésticos de distintas marcas. La etiqueta está estructurada en dos secciones claramente diferenciadas, la mitad superior, la más visual, indica el grado de eficiencia energética del producto. Los niveles deeficiencia energética de los aparatos se determinanpor una letra que va desde la A a la G, esdecir, hay siete niveles. La A indica la máxima eficiencia y la G la mínima. El cálculo para situar a cada uno en su sitio parte de comparativas que se hicieron en su día. Se midió el consumo anual de frigoríficos, lavadoras, etc., y al consumo medio de los aparatos analizados se le asignó el punto intermedio entre las letras D y E.
Incluye también información sobre el fabricante, el tipo de producto y el modelo. La inclusión de un identificador, como el de la etiqueta ecológica europea, nos indica si el aparato satisface los requisitos para que le sea concedida.
La mitad inferior, si bien sigue un formato común, es específica para cada tipo de electrodoméstico, dado que cada uno presenta unas particularidades; unos consumen agua, otras energías para refrigeración, etc. Para algunos electrodomésticos se ofrecen distintas calificaciones energéticas con su letra correspondiente para cada una de sus funciones, por ejemplo para un lavavajillas se tiene una eficiencia en el lavado y otra en el secado, que no tienen por qué coincidir.
Incluye también la bandera de la Unión Europea y una referencia a la normativa que desarrolla la etiqueta energética de cada electrodoméstico. El consumidor finalmente es informado de que en los folletos del producto puede encontrar la ficha de información detallada.
La etiqueta debe aparecer completa. Su mera presencia no indica que un electrodoméstico sea eficiente, se ha de estudiar la información que ofrece para tener criterio de todas las características, también se ha de ser consciente de las necesidades, no es lo mismo un frigorífico para una familia de 3 personas que para una de 6.
En los apartados que siguen, para cada electrodoméstico se aportan unos criterios generales de utilización y de buenas prácticas que complementan la información obtenida en la etiqueta, en aras de conseguir un menor consumo energético.
¿SON DE FIAR?
No existe ningún organismo independiente que etiquete cada electrodoméstico. Son las propias marcas las que contratan los servicios de laboratorios homologados para hacer pruebas de consumos de sus modelos. Y con los resultados de esas pruebas elaboran las etiquetas, teniendo presente que en cualquier momento pueden pasar una inspección de la administración para cerciorarse de que esas etiquetas energéticas están diciendo la verdad.
En las pruebas de laboratorio se permite un margen de error, lo que podría implicar en algunos casos un salto de una o dos clases. Este margen debería reducirse para evitar situaciones de confusión respecto a la garantía de la información. Además, los consumidores deberíamos exigir que las administraciones efectúen controles oficiales e informen de las infracciones y las sancionen.