Impuestos Verdes

27 Jul 2023

Impuestos Verdes

1. SITUACIÓN ACTUAL DEL CAMBIO CLIMÁTICO

El cambio climático es la mayor amenaza medioambiental a la que nos enfrentamos los seres humanos. La temperatura media global ya ha aumentado 1,1 °C desde la época preindustrial y, de no cumplir el objetivo del Acuerdo de París —mantener el aumento por debajo de los 2 °C y tratar de limitarlo a 1,5 °C—, las consecuencias podrían ser catastróficas. Necesitamos, por tanto, reducir la emisión de gases de efecto invernadero a nivel mundial y organismos internacionales —como el Fondo Monetario Internacional (FMI)—, organizaciones ecologistas y numerosos economistas coinciden en que una herramienta clave para combatir el cambio climático son los impuestos ambientales.

2. QUÉ SON LOS IMPUESTOS AMBIENTALES

Es la recaudación por la emisión de gases de efecto invernadero. De acuerdo al marco estadístico desarrollado conjuntamente en 1997 por Eurostat, la Comisión Europea, la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) y la Agencia Internacional de la Energía (IEA), los impuestos ambientales son «aquellos cuya base imponible consiste en una unidad física (o similar) de algún material que tiene un impacto negativo, comprobado y específico sobre el medioambiente«. En un escenario sin regulaciones, una empresa podría fabricar un producto de manera contaminante sin considerar su impacto sobre la salud del planeta o del medio ambiente. Esto es lo que en economía se conoce como externalidad

La finalidad de los impuestos verdes es obligar a pagar una tasa a los contaminadores bajo el principio de quién contamina paga, de tal forma que el precio refleje también el coste de estas externalidades.

Los impuestos ambientales son aquellos destinados a gravar los comportamientos nocivos para la salud del planeta. Parten de un sencillo principio —quien contamina, paga— y son esenciales para frenar el cambio climático.

3. BENEFICIOS DE LOS IMPUESTOS AMBIENTALES

Existe casi total unanimidad a la hora de señalar la fiscalidad ambiental como una herramienta clave para avanzar hacia una economía descarbonizada que favorezca el desarrollo sostenible. Entre los principales beneficios que justifican la existencia de este tipo de impuestos destacan:

  • Internalizan las externalidades negativas.
  • Promueven el ahorro energético y la utilización de fuentes renovables.
  • Desincentivan comportamientos antiecológicos.
  • Incentivan a las empresas a innovar en sostenibilidad.
  • Generan recaudación para los gobiernos que puede servir para bajar otros impuestos o para desarrollar proyectos ambientales.
  • Protegen el medio ambiente.

El FMI ha propuesto que los países que más gases de efecto invernadero emiten establezcan un impuesto sobre las emisiones de CO2. Según esta organización, esa tasa tendría que ser de 75 dólares/68 euros por tonelada en 2030. El organismo sostiene que esta tasa impactará, principalmente, en el uso del carbón para generar electricidad.

Este tipo de impuestos buscan desplazar formas de energía más contaminantes en favor de otras menos contaminantes, como las renovables.

La situación ideal de la fiscalidad ambiental es lo que se conoce como la hipótesis del doble dividendo. Contrariamente al prejuicio de que los impuestos verdes lastran la economía, un escenario en el que la subida de estos impuestos se viera compensada con una bajada de impuestos al trabajo, al capital o al consumo redundaría en un doble beneficio: la mejora de la calidad ambiental y de la eficiencia del sistema económico.

4. QUÉ GRAVAN LOS IMPUESTOS VERDES

Cada país cuenta con su propio diseño en materia de fiscalidad verde. Pese a ello, a nivel internacional los principales hechos imponibles con interés ambiental son:

  • Las emisiones de monóxido de nitrógeno (NO) y dióxido de nitrógeno (NO2) que producen, sobre todo, los vehículos de combustión.
  • Las emisiones de dióxido de azufre (SO2)—principal causante de la lluvia ácida—producidas, especialmente, por la combustión de productos petrolíferos y la quema de carbón.
  • La gestión de residuos (domésticos, comerciales, industriales, de construcción, etc).
  • El ruido producido por el despegue y aterrizaje de los aviones.
  • Los productos energéticos (gasolina, diésel, gas natural, carbón, producción de electricidad con combustibles, etc.) cuya combustión genera emisiones de CO2.
  • Fuentes de polución del agua (pesticidas, fertilizantes artificiales, ácidos, etc).
  • El manejo de la tierra y la extracción y uso de recursos naturales.
  • Las emisiones de dióxido de carbono (CO2).
  • Los productos que reducen la capa de ozono.
  • El transporte (matriculación, uso, importación o venta de vehículos contaminantes).

En cuanto a los sectores, el más afectado por la fiscalidad ambiental es el energético. De acuerdo a Eurostat, en 2021 los impuestos sobre la energía en la Unión Europea (UE) representaron más de las tres cuartas partes de los ingresos totales por impuestos medioambientales (78,4 % del total), muy por delante de los impuestos sobre el transporte (18,1 %) y la contaminación y los recursos (3,5 %).

5. INCUMPLIMIENTO DE LAS EMPRESAS DE SUS PROMESAS DE CONTAMINAR MENOS

Dos tercios de las promesas empresariales para ser más ecológicas con los plásticos no se cumplen o no vuelven a mencionarse en sus informes.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, en 2019 se liberaron 79 millones de toneladas de desechos plásticos al medio ambiente a través de fugas terrestres o acuáticas, quemas a cielo abierto o vertederos. Eso representa más de una quinta parte del total mundial.

El medio alemán ‘Deutsche Welle’ y la Red Europea de Periodismo de Datos (EDJNet), han investigado algunas de las compañías de alimentos y bebidas más grandes de Europa para averiguar si son consecuentes con sus propias políticas: En total se han identificado 98 compromisos medioambientales sobre plásticos de 24 empresas de alimentos y bebidas con sede en Europa, realizados durante los últimos 20 años. Más de la mitad de estas promesas se hicieron en los últimos años, y la mayoría declara tener un objetivo para 2025.

En el caso de al menos 37 compromisos que ya deberían haberse cumplido, el resultado no es bueno: el 68% fracasó claramente o nunca volvió a informar. Cuando las empresas no cumplen con sus compromisos, por lo general no lo mencionan abiertamente. En cambio, abandonan silenciosamente la meta o cambian su alcance o el año objetivo.

Esta cifra de incumplimientos está en línea con estudios de otras industrias. En 2021, la Unión Europea investigó las afirmaciones ecológicas en los sitios web de empresas de sectores como el textil, cosmética y artículos para el hogar y descubrió que el 42% probablemente eran exageradas, falsas o engañosas.
De los objetivos que supuestamente se lograron, algunos fueron más estrategias de ‘marketing’ que mejoras reales, ya que en la práctica, no habían realizado prácticas de protección a largo plazo.

«Muchas empresas utilizan la limpieza de playas para promocionarse«, explica Larissa Copello, activista política de la ONG medioambiental Zero Waste Europe. “Pero son ellos los que están poniendo todos estos desechos en las playas en primer lugar”. Zero Waste Europe aboga por «cerrar el grifo» para reducir los residuos de envases en origen.

Por tanto, solo 19 de los 98 compromisos que se han localizado en empresas, ofrecen compromisos para reducir la cantidad de plástico utilizado en los envases o la cantidad de plásticos vírgenes, y la mayoría de ellos se proyectan de cara al futuro. 

 Además, 16 de las 19 empresas se comprometieron a producir envases con plásticos reciclables, pero eso no garantiza que el plástico sea luego reciclado.

Es importantísimo que exista una infraestructura para recolectar estos productos por separado, si no, no se pueden reciclar y terminan en el contenedor de basura mixta.

 En un tercio de los casos, las empresas se comprometieron a incluir más plásticos reciclados en sus envases. Y se han dado algunos pequeños pasos: Ferrero, de Italia, por ejemplo, comenzó a aumentar la cantidad de PET reciclado utilizado en envases secundarios en 2010. La empresa embotelladora suiza de Coca-Cola, Coca-Cola HBC, lanzó una botella hecha de PET 100% reciclado para cuatro marcas de agua en 2019, tras anunciarlo el año anterior.

La demanda de plásticos reciclados sigue siendo baja y los precios altos, lo que significa que es más rentable para las empresas utilizar plásticos vírgenes recién producidos.

Las iniciativas voluntarias no son suficientes. En lugar de usar su poder, dinero y recursos para impulsar soluciones, muy a menudo las empresas hacen lo contrario, se están escondiendo detrás de compromisos voluntarios para no hacer los cambios que tendrían que hacer.

6. IMPUESTOS AMBIENTALES EN ESPAÑA (2008-2023)

En el caso de España, los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) nos permiten conocer la importancia que la esfera pública otorga a la fiscalidad verde en este país. Según los datos del año 2021, la recaudación de los impuestos ambientales ascendió a 21.265 millones de euros. En términos relativos, dicha cuantía representa el 7,2% del total de impuestos de la economía española. Asimismo, la presión fiscal ambiental, esto es, la ratio de recaudación por impuestos ambientales sobre el Producto Interior Bruto (PIB) se situó en el 1,76% en 2023.

Los impuestos ambientales se suelen agrupar en tres grandes tipos. Destacan, en primer lugar, con diferencia, los impuestos sobre la energía, cuya recaudación concentra el 82,0% de la recaudación fiscal verde española. Se trata, básicamente, del Impuesto sobre Hidrocarburos y del Impuesto sobre la Electricidad.

Les siguen, en segundo lugar, los impuestos sobre el transporte, con el 13,1% de la recaudación de todos los impuestos ambientales en 2023, materializada a través de dos tributos básicos: el Impuesto sobre Vehículos de Tracción Mecánica y el Impuesto Especial sobre Determinados Medios de Transporte.

Finalmente, el grupo de los impuestos sobre la contaminación y los recursos, que recauda el 4,9% restante de la recaudación de carácter ambiental en España.

2023 comienza con numerosos vaivenes en nuestra economía, desde diferentes puntos de vista. Las nuevas medidas en cuestión de impuestos son sin duda un efecto sobre todos los consumidores. En este año entra en vigor un nuevo impuesto sobre los plásticos de un solo uso, no reutilizables.

Los plásticos son materiales muy ligeros, resistentes y económicos de producir, por lo que, a día de hoy, están en prácticamente en todo lo que nos rodea. Nuestra ropa, nuestro coche, los envases, los dispositivos electrónicos o el cableado de nuestra casa, es plástico.

El problema surge cuando finaliza su vida útil. En primer lugar, no todos son reciclables. Debido a su composición química y a la estructura de sus partículas, algunos son muy difíciles de reciclar, por lo que la única posibilidad es el vertedero. En segundo lugar, no todos los plásticos constituyen envases (bolígrafos, juguetes, cables, …), por lo que, aunque se puedan reciclar, no pueden ser depositados en el contenedor amarillo, así que depende del consumidor trasladarlo hasta un punto limpio. Finalmente, queda en la responsabilidad de todos realizar una adecuada separación de residuos. En España se calcula que el 50 % de los envases plásticos acaban en vertederos.

Los altos índices de producción y consumo, sumado a su corto tiempo de vida, generan grandes cantidades de residuos que, debido a que son ligeros y fáciles de transportar, son los candidatos ideales para encontrárnoslo en la orilla de la playa. La Unión Europea, hace unos años, ya imponía restricciones a los plásticos de un solo uso, siguiendo una planificación para acabar con la mayoría de ellos. En esta línea de actuación, en España, se ha publicado Ley 7/2022, de 8 de abril, de residuos y suelos contaminados para una economía circular. La Ley 7/2022 tiene como objetivo promover una gestión sostenible de los residuos y suelos contaminados, con el fin de fomentar una economía circular en España. La ley establece un marco normativo para la gestión de residuos y suelos contaminados, incluyendo la obligación de prevenir la generación de residuos y la prioridad dada a la reutilización y el reciclaje.

Reciclar está bien, pero lo más importante es reducir y reutilizar, porque aquí el orden de los factores sí altera el producto.

Primero debemos tratar de consumir los menos recursos posibles y generar la menor cantidad de ellos (reducir). En el caso de que necesitemos un recurso, debemos reutilizarlo el mayor número de veces posibles. Llegado el momento en el que ya no es posible reutilizarlo más, en último lugar, se debe reciclar. El reciclaje es un proceso de transformación que consume energía y agua, por lo que se trata de reciclar solo aquellos residuos que ya no cuenten con más vida útil. Siguiendo este planteamiento, la nueva normativa apuesta por la reducción del consumo de determinados productos de plástico de un solo uso.

Se establece que, en 2026, se ha de conseguir una reducción del 50 % en peso y en 2030, se ha de conseguir una reducción del 70 % en peso, con respecto a 2023. Junto con ello, también se prohíben determinados productos de plástico como son los bastoncillos de algodón, cubiertos (tenedores, cuchillos, cucharas, palillos), platos, pajitas, agitadores de bebidas, palitos destinados a sujetar y unir globos, recipientes para alimentos fabricados con poliestireno expandido, o cualquier producto fabricado con plástico oxodegradable y microesferas de plástico de menos de 5 milímetros añadidas intencionadamente.

Se establece un impuesto especial sobre los envases de plástico no reutilizables a los productores e importadores

Además, se establece un impuesto especial sobre los envases de plástico no reutilizables a los productores e importadores. Será de 0,45 euros por kilogramo, lo que se estima que suponga un incremento en el precio de dichos objetos, aunque en algunas cadenas de supermercado o de comida para llevar, desde hace un tiempo ya se aprecia la sustitución de estos objetos de un solo uso por otros de cartón o plástico biodegradable, para apostar por la sostenibilidad y, evidentemente, sortear los aumentos del costo. Es importante destacar que el impuesto no se aplica a los envases de plástico reutilizables o reciclables, sino solo a los envases de plástico no reutilizables que se utilizan una sola vez y se desechan. Esta diferenciación se realiza con el fin de fomentar la adopción de prácticas más sostenibles por parte de los consumidores y de las empresas.

La recaudación obtenida a través de este impuesto se destinará a financiar programas de gestión de residuos y fomentar la economía circular en España.

Otra de las misiones de esta nueva ley está destinada a concienciar a la ciudadanía. Se proponen medidas como las campañas de concienciación e información en materia de prevención, la correcta recogida y gestión de los residuos, incentivar la recogida separada en viviendas de alquiler vacacional o el marcado de los productos de plásticos de un solo uso como forma de concienciación al consumidor con el fin de reducir su abandono de la basura.

7. NOTICIA «EL QUE CONTAMINA, PAGA». ABENGOA 2015.

Una noticia muy relevante sobre la contaminación ambiental en 2015 fue la de la empresa española Abengoa, a la cual le correspondió una multa de 1,4 millones de euros impuesta por la Junta de Andalucía por incumplir los límites de emisiones contaminantes en su planta de cogeneración en Palos de la Frontera.

Según una noticia publicada en 2015, la Junta de Andalucía sancionó a Abengoa con 450.000 euros por incumplir los límites de emisiones contaminantes en su planta de cogeneración en Palos de la Frontera. Se informó que la empresa emitió más dióxido de nitrógeno y partículas que lo permitido por la normativa. Además, se menciona que la planta tenía un sistema de medición que no funcionaba correctamente, lo que dificultaba el control de las emisiones.

Abengoa tomó varias medidas para remediar la situación de contaminación en 2015. Entre ellas, se encuentra la implementación de sistemas de gestión ambiental en sus plantas de producción, la reducción de emisiones contaminantes y la inversión en tecnologías más limpias y eficientes. Además, la empresa ha trabajado en colaboración con las autoridades competentes para cumplir con las normativas y regulaciones ambientales. Cabe destacar que, en 2016, Abengoa recibió el premio «Liderazgo en Gestión Ambiental» por parte de la Asociación de Empresas del Medio Ambiente.

La multa impuesta a Abengoa en 2015 por la Administración de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA) por violaciones en la gestión de residuos peligrosos, afectó significativamente la reputación y las finanzas de la empresa.

La multa ascendió a 5,8 millones de dólares y generó una gran cobertura mediática negativa, lo que dañó la imagen de la empresa. Además, la multa y los costos asociados a la implementación de medidas correctivas y preventivas para evitar futuras violaciones, afectaron la situación financiera de Abengoa.

La empresa tuvo que hacer frente a una serie de desafíos para recuperar su reputación y mejorar su situación financiera, incluyendo la implementación de políticas y procedimientos más rigurosos para garantizar el cumplimiento ambiental y la transparencia en sus operaciones.

8. CONCIENCIACIÓN HACIA LAS EMPRESAS PARA CUMPLIR SUS PROMESAS SOSTENIBLES

Es fundamental que los empresarios conozcan y comprendan los impuestos verdes, especialmente aquellos que se dedican a la generación de energías renovables, ya que su incumplimiento puede conllevar sanciones económicas y una mala reputación para la empresa.

El conocimiento de los impuestos verdes permite a los empresarios evitar incumplir las normativas vigentes. Al entender qué actividades o productos están gravados, las empresas podrán tomar las medidas necesarias para garantizar su cumplimiento y evitar multas o sanciones que puedan afectar su estabilidad financiera.

Además, los impuestos verdes buscan promover un cambio hacia una economía más sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Desde IMPLICA-T, como empresa de energías renovables, os recordamos que el conocimiento y cumplimiento de estos impuestos permite reforzar la imagen de la empresa como comprometida con el cuidado del entorno natural y como agente activo en la lucha contra el cambio climático.

No cumplir con los impuestos verdes puede tener consecuencias más allá de las sanciones económicas. Una empresa de energías renovables que sea identificada como incumplidora de estas normativas puede sufrir daños reputacionales significativos. Esto se debe a que, al no respetar las regulaciones ambientales, se cuestiona la credibilidad y la ética empresarial de la compañía, lo que puede afectar su relación con clientes, proveedores y otros actores clave en el mercado.

Los impuestos verdes son instrumentos esenciales para fomentar la sostenibilidad y la protección del medio ambiente. Los empresarios, especialmente los dedicados a las energías renovables, deben conocer y cumplir con estos impuestos para evitar sanciones económicas y proteger su reputación como líderes en el sector. Al ser conscientes de las regulaciones ambientales y su impacto en sus operaciones, las empresas no solo cumplirán con su responsabilidad social y legal, sino que también fortalecerán su imagen como compañías comprometidas con un futuro más verde y sostenible.

 

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https://implica-t.com/

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